viernes, 2 de junio de 2017

Detenerse, mirar hacía atrás y visualizar todo lo aprendido...

Espacio para la reflexión           


Detenerse hoy, en el último tramo de esta carrera y mirar hacia atrás permite visualizar desde lejos lo aprendido y aceptado; observar aquellos errores que cometimos y de los cuales aprendimos, recordar todo aquello de los que nos apropiamos en este trayecto de formación.


Encontrándonos hoy  en el fin de este camino, es inevitable no sentirse aturdidos por un sinfín de emociones, incertidumbres, miedos, interrogantes, todo esto forma parte lógica del momento que estamos viviendo. Así como un cuadro impresionista está compuesto por yuxtaposición de pinceladas, así estamos formados nosotros, por yuxtaposición de emociones, saberes, conceptos, deseos, intereses, sin olvidar las lecturas que tanto nos han aportado. Siguiendo la analogía establecida, podría decir que, a modo personal me siento como espectadora de mi propio cuadro impresionista, observando desde lejos todo lo vivido y aprendido en estos años de formación.
De esta manera me detengo a pensar especialmente en el Taller de Práctica IV, como un espacio abierto al diálogo, a la comunicación, pero sobre todo como un espacio cuyo eje transversal es el aprender haciendo. Lo mágico de este momento de nuestra carrera es que vivimos de manera intensa nuestras prácticas, y como esponjas absorbemos todo lo que vivenciamos en ellas. Pero, como sabemos, lo importante no es solo lo que experimentamos, sino la reflexionar sobre ello. Por esta razón considero que lo más importante de este taller es el momento de la reflexión, pero no solo de lo vivido en él, sino también de todo lo experimentado en estos años de formación.
De esta manera me interesa compartir un escrito reflexivo sobre la enseñanza de la Lengua y la Literatura en la actualidad.  

Ser Profesor hoy

Vivimos en un mundo que de manera explícita o implícita se ve influenciado por las nuevas tecnologías, quienes instalan nuevos códigos e incluso nuevas formas de comunicarse y relacionarse. Lo que Echeverría denomina como tercer entorno supone nuevos espacios sociales y por ende supone pensar en nuevas prácticas, ya que nuestra tarea sustantiva de enseñar se ve atravesada por la realidad social en la que vivimos. De esta manera considero que la tarea de enseñanza y aprendizaje se enfrenta constantemente a nuevos desafíos.
Pero… ¿Cómo enseñar hoy sin dejar a un lado las nuevas tecnologías? ¿Es posible articular los contenidos de Lengua y Literatura con el uso de las TIC? ¿Es posible mantener un equilibrio? ¿Cómo lograr que los adolescentes lean, cundo diariamente tienen toda información a su alcance? ¿Los alumnos leen más o menos que antes? éstos cuestionamientos me generan cierta incertidumbre a la hora de pensarme como futura profesora. A menudo escuchamos frases sobre los adolescentes como: “ya no les importa nada, solo el celular”, “no estudian, no leer, no te escuchan”,  “no agarran un libro, están siempre encina de la computadora”. Todas estas palabras muchas veces, generan prejuicios sobre los alumnos; por eso considero importante como futuras profesoras, con las herramientas que ya poseemos, detenernos y analizar cada aspecto, antes de caer en la moda de las frases hechas.


Que los adolescentes hoy en día tienen un rápido acceso a la información, sí es verdad, pero depende de nosotros lograr una mediación entre eso que el alumno sabe hacer y lo que nosotros les podemos enseñar a hacer; por ejemplo: enseñarles a discriminar qué información disponible en la redes es importante y qué no. Las nuevas tecnologías generan un nuevo espacio de aprendizaje, nuestra tarea como futuras docentes es involucrarse en ese nuevo espacio, enfrentarse a los desafíos y generar una apertura de nuestra área orientada al uso y valoración de las nuevas tecnologías. Como expone Michele, Seres (2013) en su texto Pulgarcita “estos niños viven en lo virtual”, “ya no tienen la misma cabeza”, “ya no habitan el mismo espacio”.
En nuestra profesión no hay recetas, nos encontramos a menudo, con más dudas que certezas; pero esto es lo que nos caracteriza como profesionales de la educación: enfrentarnos a desafíos y hacer lo posible para superarlos.